El Chalecito Díaz, una construcción de dos plantas ubicada en el tejado de un edificio de la avenida 9 de Julio en Buenos Aires, fue levantado hace 100 años por un inmigrante español con un propósito inusual: tener un lugar donde comer con su familia y dormir la siesta sin realizar un viaje de 50 kilómetros. En 2026, el edificio completo, incluida esta peculiar vivienda conocida también como la Casita del cielo, fue puesto a la venta.

Rafael Díaz, quien llegó a Argentina entre finales del siglo XIX y principios del XX, construyó este chalet de 200 metros cuadrados en la terraza de su mueblería, la más grande de Sudamérica en su época. La construcción se realizó en 1926, una década antes de que se levantara el icónico Obelisco de Buenos Aires en 1936. El chalecito se convirtió en uno de los símbolos arquitectónicos más curiosos de la capital argentina.

Un inmigrante español que construyó un imperio comercial

Rafael Díaz comenzó a trabajar a los 14 años cuando llegó a Argentina acompañado de su madre. El inmigrante español logró prosperar en el negocio de las telas y posteriormente adquirió tres terrenos en la avenida 9 de Julio, donde estableció su mueblería. Además de este negocio, Díaz era propietario de varios cines, teatros y locales en la avenida Corrientes.

La decisión de construir el chalet en 1926 estuvo motivada tanto por razones prácticas como publicitarias. Rafael Díaz vivía en Banfield, localidad ubicada a unos 50 kilómetros de Buenos Aires, y el trayecto diario resultaba agotador. La solución fue levantar una vivienda completa sobre su propio negocio.

Era algo muy importante para la ciudad de Buenos Aires y para Argentina, porque se estaba construyendo la avenida más ancha del mundo. Un hecho que indudablemente iba a atraer gente

Diego Sethson, bisnieto de Rafael Díaz, explicó que el chalet cumplía una doble función. Por un lado, permitía a su bisabuelo descansar sin realizar largos desplazamientos. Por otro, servía como un elemento publicitario distintivo que vinculaba la imagen de la mueblería con la idea de hogar.

Características y uso del chalet durante décadas

El Chalecito Díaz cuenta con dos plantas, cinco habitaciones sin contar el altillo y una terraza desde donde se pueden observar las puestas de sol de Buenos Aires. La construcción se realizó cuando la avenida 9 de Julio estaba siendo desarrollada como la avenida más ancha del mundo, lo que garantizaba visibilidad y flujo de personas.

Según relata Diego Sethson, la familia utilizaba el chalet de manera regular. Los nietos de Rafael Díaz jugaban en los pisos inferiores mientras él descansaba, y había una regla estricta sobre no molestarlo durante su siesta.

Para mi bisabuelo el chalet se convirtió en un sitio para comer con su familia y dormir la siesta sin tener que volver a casa. Mi madre me contaba que cuando subían a la casa del tejado y se ponían a jugar en el piso de abajo siempre les decían que no se podía molestar al abuelo mientras dormía. No sé si era porque era muy cascarrabias, pero insistían en que necesitaba descansar

La estrategia publicitaria resultó efectiva. La imagen del chalet sobre la mueblería se convirtió en un referente urbano que generaba conversación y atraía la atención hacia el negocio de Díaz.

Servía también como un artilugio publicitario que funciona muy bien, porque todo el mundo habla del ‘Chalecito de la 9 de Julio’ y del ‘Chalet Díaz’, encima de la mueblería. Él vio la oportunidad de hacer algo distinto que tuviera que ver con lo que él hacía porque, ¿a dónde llevamos nuestbles si no es a una casa?

Del apogeo comercial al cierre y la venta

Rafael Díaz falleció en 1968. La mueblería continuó operando durante casi tres décadas más antes de cerrar definitivamente. En años recientes, el chalecito albergó visitas turísticas, permitiendo que porteños y turistas conocieran esta peculiar construcción y su historia.

El edificio también cuenta con un auditorio construido en los años 70, aunque algunos pisos quedaron vacíos tras la pandemia. La familia Díaz intentó desarrollar un proyecto cultural aprovechando estos espacios y el potencial del chalecito como terraza panorámica, pero finalmente optó por poner a la venta el inmueble completo en 2026.

Queremos vender todo el edificio, incluido el chalecito

Diego Sethson explicó que las circunstancias actuales de Argentina y los diferentes objetivos de las nuevas generaciones de la familia motivaron esta decisión.

hoy Argentina vive otras cosas y los edificios de esta índole se tienen que transformar

Un símbolo del sueño del inmigrante

Para la familia Díaz, el chalecito representa más que una construcción inusual. Es un testimonio del esfuerzo y la capacidad de un inmigrante que llegó joven a Argentina y logró construir un imperio comercial desde cero.

Es como la famosa frase del sueño americano pero, ¿por qué no el sueño sudamericano? Esta casa representa que cuando una persona viene con un sueño, proyecciones y ganas, lo puede conseguir

La familia espera que quien adquiera el edificio sepa valorar esta historia y aprovechar el potencial del espacio, ya sea continuando con la vocación cultural que intentaron desarrollar o dándole un nuevo uso que respete el legado histórico.

se apropie de esta gran historia y sepa disfrutarla

Preguntas frecuentes

¿Cuándo fue construido el Chalecito Díaz?

El Chalecito Díaz fue construido en 1926 por Rafael Díaz, diez años antes de que se levantara el Obelisco de Buenos Aires en 1936.

¿Cuál era el propósito original del chalet en el tejado?

Rafael Díaz construyó el chalet para tener un lugar donde comer con su familia y dormir la siesta sin tener que viajar 50 kilómetros hasta su casa en Banfield. También servía como elemento publicitario para su mueblería.

¿Qué características tiene el Chalecito Díaz?

El chalet cuenta con dos plantas, 200 metros cuadrados, cinco habitaciones sin contar el altillo, y una terraza con vistas a Buenos Aires. Está ubicado en el tejado de un edificio en la avenida 9 de Julio.

El Chalecito Díaz permanece como un testimonio arquitectónico único de la Buenos Aires de principios del siglo XX y del espíritu emprendedor de los inmigrantes que llegaron a Argentina. La venta del edificio completo en 2026 marca el cierre de un ciclo centenario para la familia Díaz, aunque la historia de esta construcción singular seguirá siendo parte del imaginario urbano porteño.

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