La película “No mires arriba” (Don’t Look Up) cuenta la historia de dos personas que descubren un peligro enorme y que al intentar avisar a todo el mundo se encuentran con que nadie les hace caso. Las autoridades ocupan su tiempo en otras cosas, los medios hablan de temas que no importan, y la gente prefiere entretenerse antes que reconocer que algo grave está por ocurrir.
Esa misma situación se repite ahora en España, porque millones de personas se preparan para ver el eclipse del 12 de agosto y los problemas reales del país pasan sin que nadie les preste la atención que merecen. Muchos buscan por todas partes unas gafas para poder mirar ese fenómeno como si verlo fuera más importante que arreglar lo que está mal en nuestra propia casa.
Mientras todos hablan de lo que ocurrirá arriba, la vida de mucha gente se vuelve cada día más difícil aquí abajo. Y sí, el eclipse ocupa buena parte de la conversación científica y social, pero hay una realidad bastante menos atractiva que afecta a millones de personas todos los días. Por ejemplo, en Madrid y Barcelona el precio de la vivienda ha alcanzado niveles que dejan fuera a trabajadores con ingresos estables, mientras los salarios avanzan a un ritmo mucho menor y la cesta de la compra, los servicios y otros gastos básicos siguen encareciéndose.
A esa presión se suma una crisis migratoria que lleva más de diez días sin una respuesta que permita saber qué ocurrirá después. Miles de personas llegaron a Ceuta de forma inesperada y las autoridades todavía afrontan las consecuencias de aquella entrada masiva. Las administraciones locales necesitan recursos y capacidad para atender una situación que supera sus medios habituales, mientras el presidente del Gobierno mantuvo su agenda de vacaciones lejos de la ciudad que soporta buena parte de la presión.
Por otro lado, la relación con Italia pende de un hilo porque Giorgia Meloni comprendió que hay que defender la frontera con firmeza en lugar de hablar sin actuar. Lo que antes era un acuerdo entre dos naciones amigas se ha convertido en enfrentamiento, y ahora se ponen trabas mutuas porque nadie confía ya en la palabra de quien dirige España. Quienes debían estar donde ocurre el problema están lejos y quienes debían dar órdenes claras no han dado ninguna.
Al mismo tiempo que se descuidan nuestras fronteras, se abrió la puerta de par en par a una potencia extranjera que encuentra en España facilidades que ningún otro país le ofrece. China ha visto en nuestro territorio una vía para evitar los impuestos y las restricciones que aplican otras naciones, y ha conseguido entrar en sectores que sostienen la riqueza y la fuerza de nuestro país.
Lo más preocupante es que el Gobierno de Pedro Sánchez, a pesar de las advertencias de Europa y Estados Unidos permitirá que desde estas instalaciones se observe de cerca la actividad de bases militares y astilleros vinculados a la defensa española. Si una empresa que puede actuar contra los intereses de España obtiene acceso visual a esos espacios la preocupación deja de ser una cuestión comercial. Está en juego información que debería permanecer protegida.
Todo ocurre al mismo tiempo y todo tiene el mismo sentido. Hay un fenómeno en el cielo que todos quieren ver y es tendencia en redes sociales, mientras aquí abajo hay problemas que sí se pueden resolver pero que nadie quiere asumir. El eclipse durará unas horas, la vivienda seguirá fuera del alcance de muchos trabajadores, Ceuta continuará esperando una respuesta y la seguridad nacional seguirá expuesta a decisiones que nadie parece dispuesto a explicar.
Cuando termine el espectáculo, quedarán los mismos problemas y la misma pregunta sobre quién piensa hacerse cargo de ellos.
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